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¿Sabías que...? Spaceline, una original propuesta de ascensor espacial

Un grupo de investigadores ha hecho una propuesta muy llamativa: Spaceline, un ascensor espacial

El concepto de ascensor espacial podría parecer propio de la ciencia-ficción. En más de un sentido lo es, especialmente si tenemos en cuenta la tecnología de la que disponemos en la actualidad.

Un grupo de investigadores ha hecho una propuesta muy llamativa porque se acerca más a algo tangible: Spaceline.

Una idea entre la ciencia y la ciencia-ficción

Un ascensor espacial plantea múltiples beneficios en cuanto a la exploración espacial se refiere. Principalmente, permitiría viajar al espacio exterior con mucha facilidad en comparación al método tradicional.

La propulsión de cohetes no solo es complicada, también es muy cara. Incluso en el caso del cohete Falcon 9, de SpaceX, que a pesar de ser parcialmente reutilizable cuesta unos 62 millones de dólares por lanzamiento. Algo que nos permite alcanzar la órbita baja de la Tierra. Un ascensor espacial podría llevarnos por un coste inferior.

Concepto artístico de la nave Starship, de SpaceX, en una base lunar. Crédito: SpaceX

Al menos en lo que se refiere al viaje en sí. Porque la gran inversión estaría en la construcción de la propia estructura. Pero, ¿en qué consiste exactamente? Un ascensor espacial es, de una forma muy literal, un ascensor que nos permitiría viajar hasta el espacio. Un largo cable que se extendería, a lo largo de miles de kilómetros, hasta alcanzar la órbita terrestre.

En el espacio, un contrapeso, en lo alto del ascensor, permitiría estabilizar la estructura. El problema es que, a día de hoy, no hay ningún material que encaje.

Un ascensor espacial es, de una forma muy literal, un ascensor que nos permitiría viajar hasta el espacio. Un largo cable que se extendería, a lo largo de miles de kilómetros, hasta alcanzar la órbita terrestre

Hace falta un material que sea muy liviano y, al mismo tiempo, capaz de soportar su propio peso, así como el del propio ascensor y lo de aquello que se quiera transportar.

Ninguno de los materiales desarrollados hasta ahora cumple esos requisitos. Si hubiese alguno, en un futuro cercano, las cosas no mejorarían en exceso.

Porque, lógicamente, necesitaríamos una cantidad ingente de ese material. Así que haría falta poder fabricarlo en masa. Algo que solo sucede cuando el proceso de creación está muy dominado. Aquí es donde entra Spaceline en escena.

Spaceline es un ascensor lunar con un propósito diferente

La idea original, un ascensor espacial que partiese desde la Tierra, fue planteada por primera vez por el científico ruso Konstantin Tsiolkovsky en 1895.

Desde entonces, nos hemos encontrado con algunas variantes. Una muy popular, sin duda, es la del ascensor lunar. La misma idea pero aplicada, en este caso, a nuestro satélite.

El ascensor lunar permitiría desplazarse desde la superficie de la Luna al espacio. Se suele imaginar como una parte más de una base (o asentamiento) futurista. Pero en este caso, le han dado una pequeña vuelta de tuerca.

Concepto artístico de un ascensor espacial. Crédito: Pat Rawlings/NASA

Porque los investigadores plantean que para fabricar un ascensor lunar sí se podrían usar materiales que ya se conocen. En grandes cantidades, además. Sin embargo, Spaceline es una idea ligeramente diferente.

La plataforma estaría en la superficie de la Luna, pero el cable no se extendería hasta la órbita lunar, sino que lo haría hasta la órbita geoestacionaria, a unos 35 500 kilómetros de la Tierra. Y su uso sería el inverso al que se ha planteado tradicionalmente. Permitiría viajar desde la órbita geoestacionaria hasta nuestro satélite.

De esta manera, se podría acceder a la Luna con más facilidad. Ya que no sería necesario plantear un lanzamiento hasta nuestro satélite, sino hasta la órbita geoestacionaria, mucho más cercana y mucho más cotidiana.

Se podría acceder a la Luna con más facilidad. Ya que no sería necesario plantear un lanzamiento hasta nuestro satélite

Desde allí, se podría transportar a la Luna el material que se desease. O, en el caso de una tripulación, podría desplazarse en el ascensor hasta alcanzar su destino. El coste de una misión lunar, aprovechando este tipo de estructura, descendería enormemente. Además, podría ser un punto de partida a otros lugares del Sistema Solar.

Spaceline es una idea interesante pero de difícil ejecución

Desde la órbita geoestacionaria se podrían realizar misiones de exploración a otros lugares del Sistema Solar. Desde allí, es necesario alcanzar una velocidad menor para escapar de la gravedad de la Tierra.

También se puede imaginar, incluso, colonias orbitales que se encuentren alrededor de la Luna, en ciertos lugares donde podrían estar en órbitas estables. Spaceline permitiría acceder hasta ellas con mucha facilidad. Sobre el papel, todo son ventajas. Además, con la ventaja añadida de que esta estructura sí es posible construirla con materiales existentes.

El cohete Saturno V en la plataforma de lanzamiento, antes del lanzamiento de Apolo 17. Crédito: NASA

Lo permite la gravedad más baja de la Luna. Pero seguimos encontrándonos con un obstáculo que se antoja insalvable. La construcción de Spaceline debería comenzar desde la superficie lunar.

Así que habría que llevar todo ese material, así como lo necesario para construirla (tripulación, en este caso, a menos que queramos imaginar un escuadrón de robots listos para construirlo, ya que no tenemos esa tecnología). Y la única forma de hacerlo es con lanzamientos tradicionales. Unos lanzamientos que serían muy caros.

Además, tendríamos que hacer una gran cantidad de lanzamientos para transportar todo el material necesario. Sería una inversión de dimensiones astronómicas.

A día de hoy, no existe la infraestructura necesaria para poder llevar a cabo una misión de estas características. Las posibilidades que plantea son muy interesantes, pero no es, por desgracia, un proyecto que vayamos a ver llevado a cabo en los próximos años. Al menos no a corto plazo. A largo plazo, con mayor facilidad para acceder al espacio, quizá se llegue a plantear.

Una propuesta que no tiene un encaje sencillo

Pero eso, a su vez, nos lleva a hacernos otra pregunta. Cuando el acceso al espacio sea más sencillo, porque los viajes sean mucho más económicos y habituales… ¿valdrá la pena el gasto necesario para construir un ascensor espacial?

En función de cómo evolucione nuestra industria aeroespacial, puede que la respuesta sea un simple y rotundo no. A fin de cuentas, un ascensor espacial tendrá unas capacidades limitadas. Es decir, habrá quien optará por utilizar un lanzamiento tradicional por no poder utilizar el ascensor espacial para su misión o viaje.

Concepto artístico del satélite Eolo. Crédito: ESA – P. Carril, 2010

Además, hay otras cuestiones que hace falta abordar. Una estructura como Spaceline (o un ascensor espacial que partiese desde la Tierra) tendrá que ser capaz de aguantar el impacto de los pequeños meteoroides que podemos encontrar en el entorno de la Tierra y la Luna.

En caso de impacto de un pequeño asteroide, ¿cuál es el procedimiento a seguir? ¿Cómo se puede proteger la estructura? No son preguntas menores, porque no tomar las medidas adecuadas supondría que el proyecto se fuese al traste tarde o temprano.

En cualquier caso, lo más interesante, sin duda, es ver que la posibilidad de construir un ascensor espacial no es solo ciencia ficción. Lo podríamos llevar a cabo con materiales existentes hoy en día.

Por desgracia, nuestra capacidad está muy lejos de poder llevar a cabo su construcción. Pero llegará un momento en el que no será así. Viajar al espacio será mucho más común y económico. Puede que entonces, quizá, se plantee la idea de construir un ascensor espacial. Pero por ahora tendremos que esperar y ver cómo se sigue avanzando en los cohetes reutilizables…