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¿Sabías que...? ¿Por qué son los días más cortos tras el solsticio de verano?

Durante el solsticio de verano los días son más largos cuanto más al norte estemos

Nuestro planeta es increíble. Incluso sus pequeñas “imperfecciones” le hacen aún más fascinante. Qué aburrido sería una tierra totalmente homogénea (sin mar/tierra), lisa (sin grandes cordilleras), carente de un satélite propio (sin nuestra querida Luna), con una órbita perfectamente circular alrededor de su Sol (sin esa “encantadora excentricidad”) y con eje de giro perfectamente perpendicular a su dirección de desplazamiento. En este mundo tan soso los hombres del tiempo no tendrían trabajo.

Afortunadamente, el Planeta Azul del sistema solar sabe “divertirse”. Esa mezcla desproporcionada de tierra y de mar favorece calentamientos y enfriamientos muy importantes en la circulación general de nuestra atmósfera.

La presencia de una orografía peculiar también incide de forma notable en el clima. Además, al disfrutar de una órbita elíptica con el Sol en uno de sus focos encontramos inviernos más suaves en el hemisferio norte y veranos menos calurosos¿Por qué será? Enseguida lo vemos.

Además, gracias a que el eje de rotación de nuestro planeta está inclinado unos 23 y pico de grados, el número de horas de sol que recibimos diariamente a lo largo del año va variando, lo que termina implicando la existencias de las estaciones.

La temperatura de la Tierra

La distancia al Sol no es lo que más influye en la temperatura de la Tierra. Durante el verano del hemisferio norte nos encontramos cerca del “afelio” (distancia más alejada del Sol, unos 152 millones de kilómetros); mientras que en nuestro invierno boreal estamos rondando el “perihelio” (muy cerca del Sol, apenas a 147 millones de kilómetros).

Entre un suceso y otro hay unos 5 millones de kilómetros de diferencia. A nivel de radiación, en enero podemos recibir en torno a un 7% más de “calor” que en julio. Por eso, los inviernos y veranos son algo más suaves en el hemisferio norte.

Sin embargo, como distancia estalar, los 5 millones de kilómetros, no es demasiado. De hecho, sí recurrimos a esa intuición, que nos juega a veces malas pasadas, podemos comparar una foto del Sol durante el afelio con otra durante el perihelio, para lo que usamos las imágenes del “Solar Dynamics Observatory” de la NASA y, efectivamente, apreciamos que la diferencia no debe de ser para tanto.

Sobre todo si lo comparamos con el efecto que producen esos 23,4º de inclinación de nuestro eje de rotación. La Tierra gira sobre sí misma y se desplaza alrededor del Sol siguiendo una trayectoria elíptica que se llama “eclíptica” (trabalenguas útil para jugar al trivial).

Así esos 23,4º es el ángulo que forma el eje de rotación de la Tierra con respecto al plano de la eclíptica (“oblicuidad de la eclíptica”, otro buen trivial-dato). Además la oblicuidad ni siquiera es estable, actualmente es de 23º 26´ 14” (o 23,4372º) y está disminuyendo casi medio segundo por año (ojo se trata de segundo como medida de ángulo, no de tiempo), aunque se trata de un efecto poco importante a medio plazo.

Equinoccios y solsticios

En este viaje de la Tierra surcando la eclíptica encontramos cuatro puntos interesantes, dos equinoccios y dos solsticios. Los equinoccios (igual duración del día y de la noche) son los momentos del año en el que el Sol se sitúa en el plano del ecuador celeste y alcanza el cenit (justo sobre nuestras cabezas), tienen lugar el 20-21 de marzo (equinoccio de primavera) y el 22-23 de septiembre (equinoccio de otoño).

Entre medias se cuelan los solsticios que son los momentos en los que el Sol se encuentra más alto o más bajo sobre el horizonte, sí nos encontramos en el hemisferio norte el solsticio de verano tiene lugar el 20-21 de junio y el de invierno el 21-22 de diciembre. El solsticio de verano marca el día con más horas del sol y el de invierno la jornada con menos horas de luz.

La número de horas de sol dependerá fundamentalmente de la latitud a la que nos encontremos.

¿Dónde se dan los días más largos?

En el siguiente cuadro se pueden observar los datos de cuatro capitales representativas. Durante el solsticio de verano los días son “más largos” cuanto más al norte nos encontremos (A Coruña gana en este ranking de horas de sol).

Mientras que acercándonos al Ecuador las variaciones son mucho menores (las horas de sol en Santa Cruz de Tenerife oscilan entre 10h y 21 minutos y casi 14h). Y ya a partir de ese momento los días (solares) empiezan a menguar hasta tocar fondo en el solsticio de invierno, momento en el que vuelven a crecer.

Y si influye tanto la duración del día en las estaciones, ¿por qué no suelen coincidir los días de más frío o de más calor del año con los solsticios?

Efectivamente en nuestras latitudes las épocas de temperaturas más extremas suelen presentarse 3 o 4 semanas después de los solsticios, finales de enero y la “canícula” de la segunda quincena de julio.

Y esta ley no escrita y nada definitiva tiene su causa en los océanos, cuya temperatura siempre va con retraso respecto a la atmósfera (tardan más en calentarse y enfriarse) y esto repercute en esa demora térmica.

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