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Calima


La calima (o calina) es un fenómeno meteorológico que se produce en la atmósfera y está caracterizado por la presencia de partículas muy pequeñas de polvo y arena (e incluso cenizas y arcilla) en suspensión lo suficientemente numerosas para dar al aire un aspecto opaco. El resultado, un ambiente turbio y la contribución a la coloración del crepúsculo.

Existen dos tipos de calima:

  • La calima tipo “A”: Cuando se forma por efecto del polvo, sales (sodio) o elementos presentes en el ambiente
  • La calima tipo “B”: Si hay episodios de contaminación o incendios forestales, son los llamados eventos especiales.

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En nuestro país, la calima se presenta de forma relativamente habitual en las islas Canarias en invierno, sobre todo en Lanzarote y Fuerteventura. Esto es debido a la dirección de los vientos, de componente este, que arrastran el polvo del desierto del Sáhara hasta el archipiélago y provocan que la visibilidad se reduzca de forma considerable.

Por otra parte, sus efectos sobre la salud son destacados. La visibilidad se ve reducida de forma importante (en función de su densidad) y empiezan a aparecer los primeros síntomas.

Los principales están relacionados con problemas respiratorios e irritación de las mucosas: obstrucción nasal, picor en los ojos y tos. Si la calima es persistente y su densidad abundante, pueden aparecer pasados unos días broncoespasmos (dificultades serias para respirar), dolor torácico y asma. Además, pueden desencadenarse crisis de ansiedad.

Para mitigar sus consecuencias, es importante seguir las predicciones meteorológicas e informar de forma rápida y con la suficiente antelación a la población de riesgo y susceptible a sufrir sus efectos. Algunos de las consejos que debemos seguir son mantener las ventanas cerradas, usar mascarillas si tenemos que salir al exterior, evitar el ejercicio al aire libre e ingerir abundantes líquidos, en especial niños y ancianos, para evitar la deshidratación.

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