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¿Sabías que...? Llegan las Dracónidas, la atípica lluvia de estrellas de octubre

La lluvia de estrellas Dracónidas tendrán su máximo de actividad la noche del 8 al 9 de octubre.

Octubre suele destacar por ser el mes en el que el otoño se deja sentir entre nosotros. Pero, desde el punto de vista astronómico, destaca también por ser el mes en el que se produce una de las lluvias de estrellas más particulares de cada año. Las dracónidas no son solo una lluvia de estrellas irregular, también es mucho más cómoda de observar que otras.

Las dracónidas van en contra de los consejos habituales

Generalmente, las lluvias de estrellas se observan mejor en las horas previas al amanecer. Es el consejo general que se aplica a casi cualquier lluvia de estrellas que podemos observar a lo largo del año. No importa que sea una lluvia de estrellas muy activa (como las Perseidas) o una menor. Incluso si no sabemos muchos detalles sobre ella, lo más probable es que las mejores horas de observación se produzcan, aproximadamente, desde las 2:00, o 3:00, de la madrugada, hasta el amanecer. Las dracónidas, sin embargo, no cumplen esta regla.

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El mejor momento para observarlas está en las horas posteriores al atardecer. La radiante, el punto del que los meteoros parecen proceder las estrellas fugaces, se encuentra siempre por encima del horizonte vista desde gran parte de la Península Ibérica. En las Islas Canarias, se pone bajo el horizonte en las últimas horas de la noche. Al anochecer es cuando se encuentra más alto en el firmamento. Eso hace que las mejores horas para su observación sean, precisamente, esas. Con el paso de la noche, se acerca al horizonte.

Eso provoca que la visibilidad sea peor. Aunque cuanto más al norte vivamos, más alta estará la radiante a lo largo de la noche. Por ejemplo, vista desde Noruega, se mantiene en las regiones más altas del firmamento durante toda la noche, por lo que las mejores horas de observación, allí, cubren un período mayor que en la Península Ibérica. Tendremos que tener en cuenta, como siempre, la interferencia de la Luna. Nuestro satélite se encontrará en fase de cuarto creciente, pero ya muy cerca de alcanzar la fase de luna llena.

Una lluvia de estrellas variable

Generalmente, las dracónidas no son una lluvia de estrellas particularmente llamativa. Son el producto del rastro de partículas dejado por el cometa 21P/Giacobini-Zinner en su órbita. Tarda algo más de 6,5 años en completar una vuelta alrededor del Sol. En su perihelio, el punto más cercano de su órbita, se acerca hasta, aproximadamente, la distancia que separa la Tierra del Sol. En su afelio, el punto más lejano, se va más allá de la órbita de Júpiter. La frecuencia de su órbita está muy relacionada con la lluvia de estrellas.

Una perseida, fotografiada en 2007. Crédito: Wikimedia Commons/Brocken Inaglory

Porque, generalmente, cuando el perihelio coincide con las fechas de la lluvia de estrellas, se puede esperar que el pico de actividad sea muy superior al habitual. En ocasiones puede llegar a producir cientos de meteoros por hora. El último perihelio del cometa se produjo en septiembre de 2018. La lluvia de estrellas del año pasado fue más activa de lo normal. El próximo perihelio ya no tendrá lugar hasta 2025. Pero eso no quiere decir que este año vaya a ser de poca actividad. Podría ser, desde luego, pero cabe la posibilidad de que sea muy activa.

Es algo que solo podremos saber en las próximas jornadas. El aspecto negativo, sin duda, es la interferencia de la Luna. Será visible en el firmamento durante gran parte de la noche. Su brillo provocará que los meteoros más tenues queden ocultos. También hará que las mejores condiciones para la observación se produzcan mucho más tarde, hacia las 3 de la madrugada, cuando la radiante ya estará mucho más cerca del horizonte. Sin embargo, por el período de actividad de las dracónidas, es una buena oportunidad para ver estrellas fugaces.

Una lluvia de estrellas del hemisferio norte

Las dracónidas destacan por ser una lluvia de estrellas principalmente visible en el hemisferio norte. En el hemisferio sur, desde lugares como Buenos Aires, por ejemplo, la radiante nunca llega a alzarse sobre el horizonte. En otros casos lo hace pero durante muy poco tiempo y las condiciones de visibilidad no son las mejores. Sin embargo, en ambos hemisferios, sí podrás acompañar tu observación de los objetos habituales del espacio profundo. Especialmente si dispones de un cielo oscuro a tu alrededor, algo más que deseable.

perseidas 2019
Una perseida, fotografiada en Egipto en 2017. Crédito: Wikimedia Commons/Ahmed abd elkader mohamed

Porque, como con cualquier lluvia de estrellas, lo más importante es que dispongamos de un cielo lo más oscuro posible. El simple hecho de que esté libre de contaminación lumínica nos ayudará a ver muchos más meteoros de los que podríamos ver a las afueras de una gran ciudad. Además, si disponemos de algún instrumento, como un pequeño telescopio o unos prismáticos astronómicos, también podremos aprovechar y observar alguno de los objetos del espacio profundo. Por ejemplo, la galaxia de Andrómeda y sus satélites.

En cualquier caso, al igual que con otras lluvias de estrellas, es necesario seguir los consejos habituales. Es recomendable disponer de un lugar en el que la visión del cielo sea lo más despejada posible. No hace falta mirar directamente a la radiante, porque los meteoros pueden aparecer en cualquier lugar del cielo. Deberemos dejar que nuestra vista se adapte a la oscuridad, por lo que deberíamos llegar, al menos, 30 minutos antes del momento en que queramos comenzar a observar la lluvia de estrellas. Pero, si te animas, ¡esperamos que la disfrutes!