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Actualidad La obsesión por conquistar el espacio

Cada vez estamos más centrados en conquistar el espacio. Pero, ¿llegará a suceder?

Un descapotable rojo en el espacio

La obsesión del hombre por conquistar el espacio ya nos ha dejado este 2018 un momento inolvidable en la retina. El lanzamiento del Falcon Heavy supuso un gran hito para SpaceX. La empresa de Elon Musk tiene como gran meta llegar a Marte en las próximas décadas. Para ello, están centrados en que el coste de lanzar nuevas misiones al espacio sea cada vez menor. Buscan que sus cohetes sean reutilizables, reduciendo así el coste de cada nueva aventura. Falcon Heavy fue el primer cohete con capacidad de llegar a Marte.

El descapotable rojo de Elon Musk en el espacio.
Crédito: SpaceX

Falcon 9, su antecesor, ya es una figura cotidiana de la actualidad espacial. Este cohete, parcialmente reutilizable, ya ha sido utilizado multitud de veces. Con Falcon Heavy, SpaceX buscaba demostrar que sigue avanzando en su empeño por llegar a Marte. En el primer vuelo de muchas misiones se suele incluir una carga de prueba. Normalmente es algo sin utilidad alguna. Puede, incluso, simplemente ser un cubo de material que aporte la carga extra que simule lo que sería un lanzamiento real.

Pero con Falcon Heavy, en lugar de optar por una carga de esas características, Elon Musk quiso llamar nuestra atención. En su lugar, la carga de prueba fue su propio Tesla descapotable. El lanzamiento fue un éxito desde el punto de vista tecnológico. SpaceX tiene la capacidad de llegar a Marte. Pero a nivel mediático, y de lo que todos el mundo estuvo hablando, fue que se había puesto un coche en órbita.

El deseo de Richard Branson

Pero la obsesión por conquistar el espacio no es solo de Elon Musk. El magnate sudafricano ha llegado a afirmar que le gustaría morir en Marte. Eso sí, no en el aterrizaje. Otro empresario que se ha dejado llevar por el espacio es Richard Branson. El fundador del grupo Virgin, del que forma parte su compañía Virgin Galactic, quiere realizar vuelos orbitales. Su objetivo no es Marte, pero sí busca competir con SpaceX y Blue Origin, otras empresas privadas del sector aeroespacial.

WhiteKnightTwo, una de las naves de la empresa Virgin Galactic.
Crédito: D. Miller/Wikimedia Commons

Branson ha llamado la atención de muchas personas al afirmar que mandará a personas al espacio antes de Navidad. Solo quedan unos días y, de momento no hay detalles concretos. Pero la intención es que su nave SpaceShipTwo sea la primera, en el sector privado, en llevar personas más allá de la Tierra. El primer pasajero será él mismo si nos atenemos a sus palabras. Aunque habrá que ver si realmente consigue un objetivo que, en estos momentos, parece muy ambicioso.

Si logra cumplir con su palabra, Branson adelantará tanto a SpaceX como Blue Origin. La primera no tiene pruebas con tripulación hasta mediados de 2019. En el caso de la segunda, Jeff Bezos, su fundador (y también fundador de Amazon) asegura que espera poner a la venta billetes para vuelos suborbitales el próximo año. Aunque todo parece muy inminente, lo cierto es que tenemos que ser cautelosos. Si algo hemos visto, es que viajar al espacio es extremadamente complicado.

Incluso los más veteranos sufren inconvenientes

Valga como ejemplo lo sucedido con el lanzamiento de una nave Soyuz en octubre. La Agencia Espacial Rusa lleva mucho tiempo enviando seres humanos a la Estación Espacial Internacional. Es, en todos los sentidos, un procedimiento que ya podemos considerar rutinario. Pero eso no impidió que, hace solo unos meses, el lanzamiento tuviese que ser abortado al detectarse un fallo en el cohete. La tripulación aterrizó en tierra intacta.

La nave Soyuz MS en el espacio.
Crédito: NASA

Después de una breve investigación, la Soyuz ha vuelto a volar. Lo hizo hace solo unos días, llevando a sus tres tripulantes (esta vez sí) a la Estación Espacial Internacional. En el proceso, también ha permitido disipar cualquier duda incertidumbre sobre el futuro de la Estación Espacial Internacional a corto plazo. El fallo de la Soyuz en octubre había abierto el debate sobre si sería necesario terminar las operaciones en la órbita baja de la Tierra.

Por suerte, esos fantasmas se han alejado y todo parece haber regresado a la normalidad. La órbita baja de la Tierra no va a ser, además, un espacio exclusivo de los astronautas. Al menos no si hacemos caso a las promesas y proyectos de los que se han hablado en los últimos tiempos. Porque, fue a principios de este mismo año, en esta obsesión por conquistar el espacio cuando supimos que para 2021 se quiere tener un hotel en la órbita baja de nuestro planeta, el que sería el primer hotel orbital.

El turismo espacial y el deseo de viajar al espacio

La empresa Orion Span anunció en abril de este año que espera tener un hotel en órbita en 2021. No será barato. Una estancia de 12 días costará 9,5 millones de dólares. Aunque es una cantidad sensiblemente menor a lo pagado por varios turistas espaciales en los últimos años. El montante, en esos casos, ha sido estimado en cifras de entre 20 y 40 millones de dólares. El objetivo es albergar turistas a una altura de 320 kilómetros sobre la superficie.

Concepto artístico de Aurora Station, el hotel espacial planeado por Orion Span.
Crédito: Orion Span

Será una altura algo inferior a la Estación Espacial Internacional (que orbita aproximadamente a 400 kilómetros de altura). El diseño se ha planteado como modular. De forma que, con el paso de los años, se pueda convertir en un complejo hotelero cada vez mayor. Es evidente que queremos viajar al espacio. No solo con fines científicos. También simplemente por ocio. Pero, como todo, parece que en las fases iniciales estará restringido a solo los más ricos.

Con el paso del tiempo, no es descabellado suponer que el coste podría bajar muchísimo. Quizá no hasta el punto de que cualquiera pueda viajar económicamente, pero sí que sea algo accesible a todo el mundo. Eso tendrá un efecto secundario en la propia industria aeroespacial que no es ni mucho menos anecdótico. Ese tipo de viajes, de ciudadanos que no busquen fines científicos, permitirán financiar futuras misiones y proyectos de la industria aeroespacial privada.

Ya conocemos la identidad del primer turista lunar

Tampoco podemos olvidar que 2018 también pasará a la historia por ser el año en el que conocimos la identidad del primer turista lunar. El empresario japonés Yusaku Maezawa será el primer turista que viaje a la Luna. Sucederá en 2023, a bordo de un Big Falcon Rocket de SpaceX. Este cohete será el sucesor del Falcon Heavy que vimos volar a principios de año. Maezawa no tiene planeado viajar solo. Lo hará con diversos artistas en un proyecto que ha sido bautizado como #dearMoon.

Concepto artístico del Big Falcon Rocket alrededor de la Luna.
Crédito: SpaceX

En un viaje de siete días, Maezawa y los artistas que le acompañarán plasmarán sus sensaciones. ¿Qué sentirán cuando vean la Luna? ¿Y cuando vean la Tierra desde el espacio? Si todo sale según lo previsto, parece que ese será el primer vuelo privado a la Luna. La industria aeroespacial privada tiene muy claro que su objetivo es llegar más lejos que nunca. Estamos viendo los primeros pasos, pero todavía tendremos que esperar a los desarrollos de los próximos años.

Y tampoco podemos olvidarnos del futuro a corto plazo desde el punto de vista más científico. En el horizonte está ya la construcción de la Plataforma Orbital Lunar (conocida hasta hace poco como el Portal de Espacio Profundo). Una estación espacial, en la órbita de la Luna, que tiene como objetivo servir de lanzadera. Tanto para la exploración, tripulada, de la Luna, como para permitirnos alcanzar ese gran objetivo que tenemos en el horizonte: Marte.