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¿Sabías que...? La NASA descubre agua en la superficie iluminada de la Luna

La NASA ha detectado moléculas de agua en la superficie de la Luna, en lugares iluminados

La NASA ha anunciado la detección de agua en la superficie iluminada de la Luna. Es un hallazgo muy interesante por las implicaciones que tiene, si bien no debemos dejarnos llevar por la imaginación, ya que estamos ante cantidades de agua muy discretas. Pero suficiente para plantear incógnitas muy interesantes.

Agua en el cráter Clavius

La NASA ha detectado moléculas de agua en la superficie de la Luna, en lugares iluminados. Es un hallazgo tremendamente interesante, porque hasta ahora, se sabía de la existencia de agua en regiones en sombra permanente. En lugares como el fondo de cráteres, lo suficientemente profundos, en los que la luz del Sol nunca llega a brillar.

Ahora, sin embargo, los datos obtenidos por el observatorio SOFIA muestran una imagen muy diferente. Quiere decir que, lejos de lo que se podría pensar, el agua está muy repartida en el satélite.

agua en  la luna

Sin embargo, la proporción es muy pequeña. En la región analizada, los investigadores han explicado que hay aproximadamente entre 100 y 412 partes por millón. O lo que es lo mismo, de un metro cúbico de suelo lunar, podríamos esperar obtener en torno a 35 cl de agua.

En contraste, en el desierto del Sáhara, la proporción es cien veces superior. Así que no debemos imaginar, por tanto, océanos, lagos o incluso, charcos de agua. Pero es un hallazgo muy interesante tanto desde el punto de vista de la exploración espacial como científico.

Lejos de lo que se podría pensar, el agua está muy repartida en el satélite

A fin de cuentas, hay varias preguntas inevitables. ¿Cómo es posible que haya agua en la superficie iluminada de la Luna? ¿De dónde procede? Se han planteado diferentes posibilidades. Una de las más sencillas, al menos en apariencia, es que sea transportada por los pequeños meteoritos que chocan en la Luna.

El agua que transportan podría quedar atrapada en la superficie. Otra posibilidad es que el viento solar, que arrastra hidrógeno consigo, interactúe con el oxígeno que hay en la superficie de la Luna, provocando la formación de agua.

Un panorama muy interesante para el futuro

Hay que preguntarse, asimismo, cómo queda atrapada ese agua. En circunstancias normales, en ausencia de atmósfera, simplemente debería perderse en el espacio. Como no es así, algo la está reteniendo.

En este punto, los investigadores explican que es posible que sea en una estructura similar a la forma de una perla, generada en el calor del impacto del asteroide. También es posible que esté siendo atrapada bajo el suelo lunar, permitiendo que no llegue a estar expuesta directamente a la luz procedente del Sol.

La luna creciente y Saturno en conjunción, fotografiados el 16 de enero de 2015. Crédito: Eric Teske

Al margen de esto, la NASA quiere entender cómo utilizar este recurso. Porque, de poder acceder a él, los viajes a nuestro satélite podrían ser diferentes a lo que se está manejando. El agua es un recurso vital en todos los sentidos.

Es imprescindible para una tripulación humana. Además, el hidrógeno y oxígeno pueden separarse para crear combustible para cohetes. Como mínimo, será necesario llevar agua desde la Tierra, para las misiones que tengan lugar allí. A fin de cuentas, la tripulación necesita disponer de agua.

Pero, si se puede conseguir directamente allí, quiere decir que no es necesario llevarla desde la Tierra. Por lo que se abre la posibilidad a, simplemente, lanzar la nave con menos carga de lo que se pensaba en un principio. O, alternativamente, utilizar ese espacio que queda libre, para algún otro propósito. Puede ser desde llevar más material, pensando en la construcción de una futura base lunar permanente, como llevar más experimentos que puedan desplegarse en la superficie de nuestro satélite. Es decir, es una ventaja.

Un hallazgo un tanto fortuito

El hallazgo ha sido posible gracias al observatorio infrarrojo SOFIA. Es, sin duda, uno de los telescopios más curiosos que existen. A diferencia de la inmensa mayoría, no se encuentra en la superficie de la Tierra, ni en el espacio exterior.

En su lugar, está en el interior de un avión Boeing 747 que ha sido modificado especialmente para poder llevar a cabo observaciones desde la estratosfera. Es decir, es un telescopio que estudia el espacio desde la atmósfera de nuestro planeta. Su propósito, y sus objetivos habituales, están mucho más allá del Sistema Solar.

Concepto artístico de la Plataforma Orbital Lunar. Crédito: NASA

SOFIA es capaz de estudiar agujeros negros, cúmulos estelares y galaxias. Nunca se había usado para analizar nuestro satélite. De hecho, en su funcionamiento normal, se utiliza alguna referencia, como una estrella, para que el telescopio observe constantemente su objetivo.

En el caso de la Luna, está tan cerca de la Tierra que ocupa todo el campo de visión del telescopio. No estaba claro que fuese posible llevar a cabo una observación del satélite. Pero, aun así, decidieron llevar a cabo una prueba en 2018, de la que procede este hallazgo.

Los resultados fueron mucho mejor de lo esperado. Hasta el punto de que, tras esa observación inicial, están planeando llevar a cabo más estudios. Quieren analizar otras regiones iluminadas de la Luna, así como en diferentes fases lunares.

Algo que, esperan, podría ayudar a determinar cómo, y cuánta, agua se genera, así como cuál es su distribución. Todo ello, por si no fuese suficiente, será también de gran utilidad en las misiones que permitirán que, en solo unos años, veamos el regreso de una tripulación a nuestro satélite…