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Actualidad La calidad del aire empeora en muchas partes del mundo con la desescalada. ¿Podemos evitarlo?

A pesar de la reducción de la contaminación durante los meses de confinamiento, los niveles de dióxido de nitrógeno están repuntando. Expertos nos cuentan qué medidas se están planteando para no perder lo ganado.

El confinamiento de gran parte del planeta debido al COVID ha supuesto un gran cambio para todos. El primer país afectado, China, fue también el primero en imponer restricciones. Con el cierre de fábricas se frenó la demanda de electricidad y se redujo drásticamente el uso del transporte.

Solo en las tres primeras semanas las emisiones de dióxido de carbono se redujeron en hasta 100 millones de toneladas.

Sin embargo, las concentraciones de dióxido de carbono a escala global no han disminuido. Mar Gómez, doctora en físicas y responsable del área de meteorología de eltiempo.es, admite que «muchos pueden preguntarse por qué si hemos permanecido confinados en nuestros hogares algunos gases como el dióxido de carbono no han descendido en concentración».

Además, señala que «la concentración de este gas, de hecho, este pasado mayo ha batido récords históricos que no se alcanzaban desde hace 3 millones de años«.

Como explica Mar Gómez «pese a que se han reducido emisiones, el período de residencia de este gas de efecto invernadero va de décadas a siglos. Es como si estuviéramos en un vertedero. La basura sigue acumulándose pese a que ralentizamos la entrada de más. En este caso ocurre igual, esas concentraciones siguen elevadas porque corresponden a lo emitido hace años».

En cambio, el confinamiento global sí que ha supuesto una mejora en la calidad del aire que respiramos en las ciudades. Como han mostrado el estudio de Bauwens y coautores, la concentración de NO2 en las ciudades chinas descendió más de un 40% respecto al año pasado.

Las grandes capitales europeas y estadounidenses experimentaron este descenso semanas más tarde, con reducciones de entre un 20% para Washington y Frankfurt y un 38% para Milán.

En España, el impacto también fue evidente. Durante los meses de marzo y abril la contaminación por NO2 de nuestras ciudades descendió entre un 40% y un 65% respecto a años previos.

¿Se mantendrá esta bajada o ha sido un episodio temporal?

Estas bajadas se debieron al parón de la industria, pero sobre todo a la reducción del tráfico. De hecho, con la vuelta de la actividad económica, estamos viendo cómo la contaminación está aumentando de nuevo.

Algunas ciudades chinas, donde este incremento se ha visto antes, parecen estar recuperando los niveles previos a la pandemia.

En España esta tendencia se inició con la desescalada. Las últimas cinco semanas las concentraciones de NO2 han aumentado en las grandes capitales, hasta un 44% en Granada y un 58% en Málaga. Aun así, las concentraciones de NO2 siguen por debajo de lo habitual para la época, entre un 20 y 55% menos.

«Las mejoras han sido temporales y locales», dice Mar Gómez.

Como afirma Mar Gómez «en el caso del NO2, al eliminar la fuente de emisiones (el tráfico) rápidamente mejoró la calidad del aire. Creo que esto nos ha servido para darnos cuenta de que necesitamos que los cambios lleguen ya. Necesitamos mitigar el calentamiento global y para ello hacen falta compromisos por parte de todos los países».

¿Es inevitable que aumente la contaminación?

Es probable que en la nueva normalidad se incremente el uso del coche frente al del transporte público, que muchos evitaran. Por tanto, es posible que, si no se toman medidas, en las próximas semanas suframos un mayor empeoramiento de la calidad del aire.

El impacto de la contaminación en la salud, de hecho es una de las principales preocupaciones de los ciudadanos.

Como apunta  Irene Santa, meteoróloga de eltiempo.es «la estrecha relación entre la calidad del aire que respiramos en las ciudades y nuestro nivel de actividad ha quedado patente con la situación vivida con el coronavirus».

«En un momento en el que la salud realmente sí ha sido lo primero, hemos sido más conscientes que nunca de los peligros que nos acechan en el aire, aunque no los veamos, como ocurre en el caso de los gases y partículas contaminantes», agrega.

«Proteger nuestra salud ha pasado al primer plano», explica Irene Santa

Con el objetivo de que la vuelta a la normalidad no suponga volver a los niveles previos de contaminación, muchas ciudades europeas están empezando a tomar medidas. Londres, Milán o Bruselas han decidido ampliar los carriles bici para animar a la gente a elegir las bicicletas en vez del coche.

En Francia, el gobierno ayudará a que los ciudadanos puedan reparar sus bicicletas. En España, Barcelona fue una de la primeras ciudades en sumarse a esta tendencia, añadiendo 21 kilómetros al actual carril bici. Además se limitará la velocidad de los coches a 30 km/h en algunas de las calles con carriles compartidos.

Estas medidas, además de positivas para nuestra salud, permiten mantener la distancia social.

«Una transición energética justa basada en energías renovables y una movilidad sostenible son algunas de las piezas claves en esta transformación social, educacional, económica, empresarial y política», señala Mar Gómez.

Irene Santa recalca que «aunque ahora mismo estamos más centrados en solucionar esta crisis, no debemos perder de vista problemas a más largo plazo, que nos afectarán cada vez más en los próximos años, como son la contaminación en las ciudades, que se cobra miles de vidas al año solo en España y millones a nivel global y, por supuesto, el cambio climático».

Fuente: Bauwens, M., Compernolle, S., Stavrakou, T., Müller, J.F., van Gent, J., Eskes, H., Levelt, P.F., van der A, R., Veefkind, J.P., Vlietinck, J. y Yu, H., 2020. Impact of coronavirus outbreak on NO2 pollution assessed using TROPOMI and OMI observations. Geophysical Research Letters, p.e2020GL087978. https://doi.org/10.1029/2020GL087978