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¿Sabías que...? Halloween en el espacio: misteriosos fenómenos (con su explicación científica)

Desde hace ya unos años, Halloween es una festividad que se adentra cada vez con más fuerza y popularidad en nuestro país. Aprovechando la ocasión, vamos a repasar algunos de los fenómenos en el espacio y la atmósfera más llamativos, que bien podrían parecer paranormales, con su respectiva explicación.

Nubes fantasmagóricas

Cerca de California, es relativamente habitual ver este extraño tipo de nube. No se parece a nada que se pueda ver habitualmente, pero su origen, a pesar de lo que podría parecer, no está relacionado con Halloween, ni su objetivo es aterrorizar a la población.

Es, observable en el atardecer, en ocasiones, cuando SpaceX realiza un lanzamiento de su cohete de Falcon 9. En ese momento, si el cielo está suficientemente despejado, es posible observar un espectáculo que parece propio de otro mundo. Aunque sus actores son del Sistema Solar.

Estela de un cohete Falcon 9 tras su lanzamiento. Crédito: Kevin Gill. Licencia

¿Por qué se produce esta nube (y variantes similares) durante algunos lanzamientos del cohete Falcon 9? El cohete se lanza en dirección hacia el océano Pacífico. A medida que gana altura, termina alcanzando la región del cielo en la que, todavía, brillan los rayos del Sol.

Esto ilumina al cohete y, también afecta a los elementos químicos que se expulsan desde el motor del cohete. Esos elementos se congelan y se comportan como una nube en la atmósfera, que también es iluminada por el Sol, produciendo esos espectaculares resultados.

El Sol de Halloween

Parece que incluso nuestra estrella se está dejando llevar por una tradición que cada vez es más popular. Halloween ya no es exclusivo, principalmente, de Estados Unidos.

Pero seguramente, lo que pocos esperaban, era que el Sol nos dejase una imagen en el que pareciese ser una gigantesca calabaza en el centro del Sistema Solar. Sucedió en 2014, durante el máximo del ciclo solar, que dura 11 años, aunque la NASA ha compartido la imagen recientemente. Hay que destacar, sin embargo, que solo era visible con instrumentos apropiados.

El Sol parece una gigantesca calabaza en esta imagen de su actividad solar durante 2014. Crédito: NASA

La coincidencia quiso que, en 2014, la distribución de regiones activas en la superficie de nuestra estrella, observada en el espectro ultravioleta, recordasen poderosamente a las populares calabazas que adornan las ventanas y puertas de muchos hogares norteamericanos.

En realidad, estas regiones forman parte de la actividad solar normal, si bien son más abundantes durante el máximo del ciclo solar. Es de estos lugares de donde, por ejemplo, parten las potentes llamaradas que nuestra estrella emite cada cierto tiempo.

Pilares de luz en la noche

Una de las imágenes más desconcertantes que podemos observar se produce en invierno, en regiones lo suficientemente frías. De noche, y en ocasiones en el atardecer, de repente, es posible observar enormes columnas de luz que se alzan desde el suelo.

En algunos casos, pueden llegar a ser muy numerosos. En otros, las columnas son solo visibles en la atmósfera. Pero en todos los casos, su origen es el mismo, aunque bien podría parecer anunciar la llegada de algún fenómeno paranormal que encajase con Halloween.

Pilares de luz sobre Laramie, Wyoming (Estados Unidos). Crédito: Christoph Geisler/Wikimedia Commons

Esta fotografía es solo uno de muchos ejemplos. Fue tomada en Laramie, en Wyoming (Estados Unidos). ¿Qué es lo que las provoca? El aire, en entornos y momentos como el fotografiado, es muy frío y está repleto de pequeños cristales de hielo, que reflejan la luz que los atraviesa.

El resultado es que las fuentes de luz instaladas en la superficie producen estas llamativas columnas. Pero es el mismo proceso, por ejemplo, que provoca que en días (y noches) muy fríos podamos observar una corona de luz alrededor de la Luna o el Sol.

Un fantasma de otra galaxia

En muchas de las galaxias que componen el universo observable, podemos encontrar nubes de polvo y gas. Algunas de ellas son regiones de formación de estrellas. En su interior, se están formando nuevos astros de sus respectivas galaxias.

Las nebulosas más populares, sin duda, podemos encontrarlas en la Vía Láctea. A fin de cuentas, son las más cercanas a la Tierra por estar en nuestra propia galaxia. Sin embargo, es la Gran Nube de Magallanes, una de las galaxias satélite de la Vía Láctea (visible desde el hemisferio sur) la que se lleva la atención.

La nebulosa Cabeza de Fantasma, en la Gran Nube de Magallanes. Crédito: Mohammad Heydari-Malayeri (Observatoire de Paris) et al., ESA, NASA

Bajo la denominación de NGC 2080 se oculta esta llamativa región de formación de estrellas. En la cultura popular recibe un nombre mucho más familiar. Es la nebulosa Cabeza de Fantasma, que recuerda a la figura de los clásicos fantasmas que podemos ver en muchos dibujos animados. Aunque las dimensiones de este son mucho mayores que las de un ser humano.

Mide unos 50 años-luz y su hogar se encuentra en la Gran Nube de Magallanes, lejos de la Tierra y de la Vía Láctea. Está a unos 158 000 años-luz de nuestro planeta.

Una estrella fantasmagórica

Rigel es una de las estrellas más populares del firmamento. No en vano, es la estrella más brillante de la constelación de Orión y, también, la séptima del firmamento. A no mucha distancia se encuentra una nube de polvo y gas interestelar, que ilumina con fuerza.

La casualidad quiere que su forma nos recuerde, también, a una de las figuras más populares de las festividades como Halloween y similares. Parece la de una bruja, con su sombrero puntiagudo incluido, que, en este caso, parece mirar atentamente a la estrella.

La nebulosa Cabeza de bruja. Crédito: NASA/STScI Digitized Sky Survey/Noel Carboni

Quizá por ello es popularmente conocida como la nebulosa Cabeza de Bruja, y está a 900 años-luz de la Tierra. Es solo un ejemplo más de cómo, en el universo, también podemos encontrar ejemplos de imágenes que nos recuerdan, de una u otra manera, a una de las festividades más populares del año.

Una tradición que, por otra parte, cabe recordar que tiene un origen muy antiguo. Ya se celebraba allá por el siglo cinco antes de nuestra era, conmemorando un día a medio camino entre el equinoccio y el solsticio. Si bien no se corresponde con la fecha actual.