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¿Sabías que...? Es “tiempo” de arte: la meteorología y Sorolla

Los fenómenos metorológicos también están presentes en el arte. Descubrimos el uso de la luz en las pinturas de Joaquin Sorolla

VÍDEO: JOAQUIN SOROLLA Y LA METEOROLOGÍA EN SUS CUADROS

 

La meteorología está presente en muchos ámbitos de nuestra vida. Podemos encontrarnos con situaciones meteorológicas en la prensa, radio, televisión y ha jugado un papel crucial en muchos ámbitos de nuestra historia.

Lo que menos podríamos imaginar es que ha servido de base de inspiración para algunos cuadros de famosos pintores. El Grito de Münch o la noche estrellada de Vincent Van Gogh tienen su inspiración en fenómenos atmosféricos increíbles como son la erupción de un volcán o las nubes de inestabilidad Kelvin-Helmholtz.

Si nos centramos en nuestro país, uno de nuestros pintores más reconocidos encontró en la meteorología una fuente de inspiración para jugar con la luz en sus obras.

Hablamos de Joaquin Sorolla, la máxima expresión del luminismo español y es que precisamente la luz juega un papel crucial en sus cuadros. Desde su juventud se interesó por la pintura al aire libre, con la que trataba de captar la luminosidad mediterránea, tanto en la huerta valenciana como en la playa, al igual que hicieron los impresionistas franceses. Entre sus temas preferidos destacada su dedicación al paisaje levantino, de ambiente costero, que plasma con un protagonismo absoluto su luz.

Con motivo de la Semana de la Ciencia, creemos que es importante hablar de arte y meteorología, dedicar “el tiempo” al arte y poder disfrutar de sus cuadros desde una perspectiva diferentes.

Analizamos algunos de ellos en este post:

El baño del caballo, 1909.

Esta obra es sin duda una de las más significativas del pintor en el que se une el poder deslumbrante de la luz, los blancos y las playas de valencia. Sorolla pinto este cuadro en el verano de 1909, un verano que a pesar de no ser especialmente cálido en la ciudad de Valencia permitía, como característica del clima mediterráneo encontrarse con temperaturas medias entre los 18 y 22ºC. Fueron temperaturas frías para ese año, pero el clima del Mediterráneo siempre ha sido particularmente agradable en verano y más aún en ese año. Valores agradables que incitaba al baño y a los paseos.

Sin duda a Sorolla le interesa mucho más lo que ocurre en el suelo que en cielo, que en el verano levantino se muestra, en las horas centrales del día, mortecino por la calima del calor. Un muchacho desnudo saliendo del agua con un caballo, cuyo pelaje humedecido resplandece por el reflejo de los rayos de sol, en pleno mar Mediterráneo, es el tema central de la obra.

A Sorolla no se le escapa detalle en los puntos de luz que aporta a las figuras, ya que los toques blancos que sitúa sobre las amplias pinceladas anaranjadas del cuerpo del chico reproducen unos destellos que casi pueden cegar a quien contempla la obra.

La siesta, 1911.

La siest:, este cuadro muestra un momento de ocio familiar en los verdes prados de San Sebastián. Un lugar donde la precipitación en los últimos siglos ha sido abundante, algo que da tonalidad de diferentes verdes plasmados por Sorolla en este cuadro.

Un verano el de 1911 que fue especialmente llevadero. Los registros climáticos nos indican que las temperaturas fueron bastante superiores a la media, alrededor de 21ºC de máxima que en aquel momento no estaba nada mal. Tan solo un año antes los valores no pasaban de 17ºC en verano.

De este modo no cabe duda de que la actividad al aire libre era más que un momento de relax. Podemos imaginarnos como podría ser dormir la siesta sobre esos verdes prados, en un día soleado y de temperaturas agradables en san Sebastián.

Bajo el toldo, playa de Zarauz.

No mucho más lejos se pintó este cuadro. Si algo después en 1910. Se vea toda la familia Sorolla, arreglada de punta en blanco, descansando en la playa bajo un toldo que el espectador no ve. La luz del norte, de nuevo, más suave, da a la escena una gama de color serena y matizada, muy diferente a las playas levantinas.

María Pintando en El Pardo, 1907.

Este es el último retrato que Sorolla pintó sobre su hija María durante su estancia en el Pardo a causa de la convalecencia de tuberculosis. Sin embargo, en este cuadro, a diferencia del resto de la serie, María se muestra casi completamente recuperada.

Va vestida con ligero vestido blanco y un sombrero sujetado por un pañuelo atado al cuello, indicándonos que los días invernales son cada vez más calurosos.

María, fue trasladada al Pardo a un ambiente seco y limpio, fuera de la humedad de Levante, algo que solía hacerse con pacientes de esta enfermedad y que mejoró notablemente su enfermedad. Sorolla la retrata con contrastes de amarillo y malva mientras atrás se puede ver el paisaje agreste.

A pesar de la mejoría de María, un cierto carácter de melancolía inunda la mirada de la retratada. Una vez pasado el frío invernal, la familia del pintor abandonó la finca de la Angorilla y se dirigió a la Granja de San Ildefonso en Segovia donde María continuó con su recuperación.

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