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¿Sabías que...? ¿Cómo influye el viento en la contaminación?

Las corrientes de aire son cruciales en la renovación de la atmósfera, la dispersión de los contaminantes y la reducción de la polución

VÍDEO: ¿CÓMO NOS AFECTA LA CALIDAD DEL AIRE?


Los altos niveles de polución y contaminación que se están registrando este otoño en España son consecuencia principal de las emisiones de contaminantes y de la capacidad de dispersión y de lavado que posee la atmósfera. Un “sistema de limpieza” que se abastece principalmente de los cambios de presión, las borrascas, precipitaciones y los vientos.

Las corrientes de aire son cruciales para la contaminación. “El viento y su altura juegan un papel incluso más decisivo que la lluvia en cuanto a limpiar la atmósfera”, señala Xavier Querol, geólogo e investigador del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Para entender esta dispersión y disolución de contaminantes, debemos comprender que igualmente que un vertido en un lago pequeño afecta más que en un océano, en la atmósfera ocurre de manera similar. En una zona de calma, la contaminación permanece estancada mientras que si sopla el viento, las corrientes de aire diseminan los agentes de polución registrados en una masa de aire superior y su incidencia negativa es inferior.

“Esto no significa que si hace viento se pueda emitir contaminación sin problemas, pero sí que cuando no hay viento o éste es muy débil se tendría que reducir mucho más las emisiones contaminantes para evitar alcanzar niveles muy altos de contaminación”, alerta Querol.

La importancia de las borrascas

Las corrientes de aire generalmente están asociadas a un sistema de baja presión y a menudo están acompañadas por nubes y precipitaciones. Además del viento que dispersa la contaminación, las lluvias limpian la atmósfera disolviendo los contaminantes en las gotas.

viento en la contaminación

Además, las nubes que se producen durante las borrascas bloquean la luz solar, que es necesaria para formar ciertos contaminantes secundarios, como el ozono. “Los cielos nublados que a menudo van de la mano con tormentas de viento limitan la formación de nueva contaminación del aire”, destaca Christoph Senff, un químico atmosférico en la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE.UU. (NOAA).

Las consecuencias de la geografía

En este sentido, las particularidades geográficas de cada lugar y los efectos de las inclemencias meteorológicas,como borrascas o anticiclones, definen qué tipos y cantidad de viento incide en el ambiente. “En igualdad de emisiones antropogénicas, un lugar más ventoso tendrá un aire más limpio”, subraya Querol.

A nivel europeo, regiones como el Reino Unido son afectadas con frecuencia por vientos potentes y la calidad del aire es mucho mejor que la encontrada en el Valle del Po, en los Alpes italianos. “Este Valle del Po, con la velocidad del viento más baja de Europa y muchos periodos del calma, es la zona más afectada de Europa en algunos contaminantes críticos”, añade el investigador del CSIC.

En igualdad de emisiones antropogénicas, un lugar más ventoso tendrá un aire más limpio

En España, los altos niveles de polución que está presentando el centro del país en las últimas semanas son consecuencia de las emisiones gases contaminantes y su particularidad geográfica. En Madrid se registran intensos anticiclones entre otoño e invierno que, en determinados escenarios meteorológicos, se sufren episodios potentes de estancamiento atmosférico.

Habitualmente es en los potentes episodios anticiclónicos de octubre a marzo cuando se superan los valores límite de protección a la salud, por ejemplo en dióxido de nitrógeno, en ciudades como Madrid o Barcelona.

Sin embargo, durante la época estival, existen otros datos como la superación de los valores objetivo de ozono, pero hay muy pocas superaciones de nitrógeno. “En todo caso, hay que emitir menos para que cuando no haya viento o lluvia, no lleguemos a superar los niveles de protección a la salud”, subraya Querol.

La fuerza del viento

Las características de las corrientes de aire también tienen una consecuencia fundamental sobre el estado de la atmósfera. “La fuerza del viento tiene mucha incidencia en la dispersión de la contaminación. A simple vista podemos ver que los días de vientos como cierzo o tramontana, se limpia la atmósfera y la visibilidad se incrementa marcadamente”, detalla el geólogo.

Sin embargo, respecto a la virulencia del aire existe un límite: a niveles altos, estas corrientes fuertes de aire pueden fomentar la suspensión de partículas de polvo mineral de suelos, en obras, puertos e industrias. “En estos casos se pueden causar problemas de contaminación de partículas si no se toman precauciones”, alerta Querol.

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