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Actualidad Así silenció Madrid la borrasca Filomena

El parón que se produjo en la Capital con «La Gran Nevada» quedó grabado en los sismógrafos

La ciudad quedó completamente paralizada el sábado 9 de enero al quedar sepultada bajo la nieve de Filomena. En la calle, ciudadanos inmortalizando el momento cámara en mano y disfrutando de una estampa insólita pero ni rastro del tráfico, tan sólo se vieron circulando vehículos quitanieves y de emergencias, intentando lidiar con el temporal.

Este «parón» de la actividad quedó reflejado en el acelerómetro del Real Observatorio de Madrid, situado al suroeste del Parque del Retiro, midiendo la caída más fuerte del nivel de ruido de los últimos meses, con menos ruido que ningún otro día del registro. Se alcanzó así el pico de la serie con un mínimo histórico de -103 decibelios el día 10 de enero, tras la gran nevada.

En la gráfica también se puede ver el impacto del confinamiento de marzo y abril de 2020, periodo en el que la ciudad también experimentó un descenso del nivel de ruido.

La nieve y el silencio van de la mano

Aunque es lógico que sin tráfico y sin la actividad cotidiana se redujera el nivel de ruido, también la propia nieve ayuda a que el ruido «se amortigüe»: cuando la nieve cuaja sobre las superficies y se forma una capa, quedan huecos entre los copos debido a su geometría tan irregular. Estos espacios de aire son los encargados de absorber las ondas sonoras amortiguando el ruido ambiente y cuando la capa de nieve es de varios centímetros de espesor este efecto es evidente.